domingo, 30 de mayo de 2010

Chou neo cañí


Hay personajes hechos a sí mismos que han logrado convertirse en fenomenales iconos. La Terremoto de Alcorcón, acompañada por sus impagables bailarinas, autoinculpándose de pirata musical es, simplemente, genial. Nuestra diva anticipa desde ya su pretensión de no tomarse en serio y de liberarse de la homogeneización cultural para reafirmar así las inquietudes y peculiaridades de cada individuo en el propósito de marcar la diferencia.

La pretensión consiste únicamente en divertirse. Su estudiada imagen pone en evidencia la combinación del glamour con la excentricidad, que supone un guiño kitsch en el que abunda en el uso de boas de plumas, excéntricas gafas, maquillaje excesivo con fuertes contrastes en los colores y brillos desproporcionados, así como las vestimentas de brillantes reflejos y los cortes de pelo según la moda.

En su música de tendencia retro, sencilla y pegadiza, de interpretación pomposamente gesticulada, no hay significación oculta. No hay significación más allá de lo que se escucha y de lo que se ve. Nada está velado. Todo es lo que es: no hay confusión alguna, el enemigo no son otros que el hastío y el aburrimiento.

Tal vez por ello nos obliga a preguntarnos si va en serio, si es una sátira, o si lo hace de verdad. Pero la verdad es que la pretensión es divertir sin ser humorística. Ser dramática, pero tomándose en broma. Ser sensual, pero de tal manera que la sensualidad se pierda en su propia exageración. Un marco al fin para bailar y divertirse. Un marco inverosímil en el que es imposible ser tomada en serio, pero eso sí, evitando caer en el ridículo.

Todo un repertorio de lo que entendemos por cultura “trash”, el movimiento contracultural gestado en las raíces del arte urbano contemporáneo, un estilo espectacularizador y exhibicionista que busca atraer miradas que encuentra sus raíces en la psicodelia de los 70 y en el mundo multicolor de los 80, así como en figuras de esa década como John Waters, Andy Warhol o Keith Haring.

El periodista Jordi Costa afirma en Mundo Bulldog: un viaje al universo basura, que la creación estética será trash cuando aquellos elementos de la obra artística (o pretendidamente artística) que la ortodoxia consideraría directamente aberrantes son elevados a categoría estética. Por supuesto, no basta con que algo parezca feo o mal hecho para que merezca ser reivindicado desde la esfera de la cultura trash: tiene que serlo de una manera especial. Como La Terremoto de Alcorcón cantando por Madonna.

Sin embargo, y con toda seguridad, esta propuesta escandalizará a ciertos guardianes de la moral y el orden que la consideran provocadora, que cae en lo vulgar, exhibiendo ostentosamente una realidad que en ningún caso puede ser aceptada por los demagógicos defensores de lo políticamente correcto.

Pero si la globalización ha uniformizado nuestros gustos y creado los públicos globales también permite consolidar el tejido de las inmensas minorías en la diversificación cultural contemporánea. Así, lo trash y la Terremoto, alejada de cualquier tipo de corsés, se convierten en una forma de trasgresión de las estéticas establecidas. El miércoles tenemos la oportunidad de comprobarlo.


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