domingo, 2 de mayo de 2010

Bichos raros


El otro día, como casi todos los días a media mañana, una compañera de trabajo vino a mi mesa para tomar conmigo su café con sacarina. Sentada cuidadosamente para no arrugar su impecable traje chaqueta de color azul marino comprado en una conocida y exitosa empresa textil española de proyección mundial, se dedicó a repasar el lazo del cuello de su blusa blanca de seda con sus impecables manos de manicura italiana. Tras recolocar cuidadosamente un mechón caído, tintado cada dos semanas en su peluquería de toda la vida, me dijo, como si nada, al tiempo que miraba de reojo la programación cultural que había propuesto para el mes siguiente, que cada vez invitaba a tipos más raros.

La casualidad ha hecho que estos días haya seguido con interés cuanto se ha publicado con respecto a las muertes de dos iconos de la cultura contemporánea, que más de uno consideraría raros: Alexander McQueen y Malcolm McLaren.

McQueen, el modisto revolucionario, visionario y obsesivo, a la vez que anárquico, rebelde y contestatario, realizó diseños que supusieron un revulsivo en el mundo de la moda. Solía decirse que sólo había que observar sus colecciones para entrar en su cabeza de tan claramente que proyectaba en sus diseños sus obsesiones y pasiones, sus neurosis y sus miedos.

Si ello fuera cierto, su última colección, "La Atlantis de Platón", nos dibujaría un cerebro en plena efervescencia, cargado de oníricas criaturas, todo un alarde de osadía tecnológica y experimentación formal donde proyectó su brutal y radical discurso en el nuevo siglo. Los imaginativos estampados en 3D y las imposibles plataformas alienígenas darán fe de su desbordante creatividad. Además, la audacia de integrar vídeo, retransmisión en directo a través de Internet y grúas de cámara recorriendo la pasarela, constatarán su carácter visionario, vanguardista y pionero.

Por su parte Malcolm McLaren construyó una cultura urbana a su justa medida junto con Vivienne Westwood, con la que diseñó una estética que trascendió al pensamiento social de un Londres de los años 70 en plena depresión cultural y social. Las ideas nacidas en los 60 no encontraron una aplicación real en la década posterior, lo que derivó en la frustración en la juventud del momento y desencadenó el punk, movimiento del que McLaren es considerado el ideólogo.

Para Johnny Rotten, el líder de los Sex Pistols, el grupo que se inventó Malcolm McLaren, era el mismo demonio, un bicho. Para Vivienne Westwood, la diseñadora que le ayudó en sus primeros años, no dejaba de ser un niño impertinente. Para Chrissie Hynde era simplemente un genio, un hombre con una inteligencia preclara, un seductor con la frase más limpia y ocurrente en el momento, con una lluvia de ideas que te calaba mentalmente. En definitiva, podemos decir sin temor a equivocarnos que McLaren fue una de las mentes más controvertidas de la historia de la música, un tipo excéntrico y original, un precursor de su tiempo.

En “La cabeza de plástico”, Ignacio Vidal Folch afirma que "la innovación y el riesgo son exigencias sustanciales de toda obra de arte, pues no hay arte verdadero que no explore, que no incomode". Pues sí, no cabe duda alguna que aferrándonos a lo que es seguro, a la pauta y a la convención seremos terriblemente normales, terriblemente estándares, pero me cuesta aceptar que partiendo de esas premisas pueda surgir algo que excite la mente de nadie, por muy adormecida y acomodaticia que ésta sea.




2 comentarios:

  1. good good i like ..

    ResponderEliminar
  2. muy bueno. saludos desde Costa Rica https://www.facebook.com/superficiesculturales

    ResponderEliminar