domingo, 25 de abril de 2010

Campanas de vacío


Casi todas las librerías son para mí como campanas de vacío en la vorágine de la ciudad. Un lugar donde el tiempo queda detenido, en el que los ruidos del tráfico rodado y los empujones de las aceras repletas de gente ensimismada en sus ocupaciones cotidianas no logran acceder, a pesar de encontrarse, simplemente, al otro lado de las cristaleras de la entrada. Pero a diferencia de las campanas de vacío, las librerías no son un espacio de experimentación, sino un lugar de encuentro.

Mi librero se llama Ismael y, aunque lo suyo es la venta de libros, la realidad es que en su librería puedo actuar como si estuviese en mi casa, porque es un lugar en el que puedo pasear por las estanterías disfrutando serenamente de la compañía muda de los cientos de libros allí expuestos, sin sentir la mirada atenta o la no solicitada asistencia de ningún dependiente. Porque en la librería de Ismael se puede leer, hojear, incluso tomar un café, y por supuesto conversar, especialmente de libros.

Por estas razones, cada vez que voy allí siento la sensación que me provoca una gran librería inabarcable, un lugar lleno de libros ordenados que constituyen un espectáculo en sí mismos: desde los libros-regalo de fotografía que miran a la calle en los escaparates, a las novelas de bolsillo; desde los libros de música, cine e historia de la planta baja, a las últimas novedades editoriales… todos sin excepción me esperan y se muestran a mi servicio para que pueda seguir disfrutando de uno de los actos más placenteros y libres que nos quedan, el de la lectura.

Porque, y por supuesto, no es necesario esperar a que vuelva a ser Sant Jordi para comprar un libro.

Imagen: cartel de la Feria del Libro de Madrid 2010

2 comentarios:

  1. Yo tampoco creo que tenga que ser el día del libro para comprar libros. Mi presupuesto en libros es aproximadamente el 80% de mi presupuesto de ocio. Pero ayer me sorprendió no poder encontrar mas que un libro de la prosa de Jose Emilio Pacheco. Por cierto el que encontré lo terminé en un rato y es delicioso. Las batallas en el desierto.

    ResponderEliminar
  2. Mi lugar favorito es "la biblioteca de la playa". En realidad no se llama así. Está ubicada frente a la playa del Postiguet y es un lujo. A veces me he quedado parada al lado de una estantería un largo rato sin decidirme por un título. Cuando estudiaba la carrera, en los descansos programados, cogía un libro y me sentaba en un banco, enfrente: la playa ¿acaso la miraba? No. Siempre está ahí y aquel libro lo tendría que devolver en breve. Leer es un placer que no te colma nunca...¡afortunadamente!

    ResponderEliminar