lunes, 8 de marzo de 2010

Viajando desde el sillón de casa (aunque no seamos malditas)

De Aracataca a Cartagena de Indias, por el Caribe colombiano tras los pasos del autor de Cien años de soledad, no es el camino lógico para llegar a Castellón. Sin embargo ese fue el itinerario de Eugenia Rico para llegar aquí, con la voz de García Márquez resonando todavía en su memoria, con la certeza de que nada es más asombroso que la realidad, y cargada de cuentos, fantasmas, espíritus y paisajes que quiso, con toda su pasión, compartir con nosotros.

Viajar, afirma Eugenia, es como escribir, la mejor manera de gozar y sufrir en un corto espacio de tiempo. Aunque la verdadera y única máquina del tiempo, la que de verdad funciona es la de la literatura, una máquina de palabras. Todo lo que se escribe ha sucedido, o está sucediendo o sucederá, de modo que podemos viajar del pasado al presente y del presente al futuro. En algunas ocasiones, incluso todo a la vez, o nada de ello, ya que el tiempo puede llegar a no existir, podemos abolirlo. Y así vemos que una vida puede contarse en unos minutos y que un momento de una vida puede estar escrita de modo que leerlo pueda llevarnos incluso horas.

Como nosotros, Eugenia viene de la periferia, pero de la de las montañas de Asturias. Sin embargo, eso ya no importa, porque los extrarradios ya no existen, lo que importa es que uno viva, porque ahora la verdadera riqueza, la búsqueda, e incluso los creadores ya no están en lo que antes considerábamos el centro, la gran ciudad, donde la vida se ha hecho tan dura. Pero eso sí, como muy bien nos recuerda, uno no debe convertirse en un ermitaño porque la verdadera voz, la voz de uno mismo, solo se encuentra tras conocer la de los demás. De este modo la nuestra no se parecerá a ninguna otra y tendrá personalidad propia.

Y además de todo esto Eugenia, con su original voz literaria, nos condujo a través de un particular viaje desde el pasado al presente por el mundo de las brujas, de las malditas y de los malditos, de víctimas y verdugos, de inocentes y culpables. Tanto en la Inquisición como en la sociedad de hoy, los verdugos son siempre los mismos, y es difícil librarse de la larga sombra que proyectan.

Querida Eugenia, gracias por brindarnos tu aventura literaria, por entusiasmarnos con unos personajes que irremediablemente nos recuerdan a nosotros mismos y por devolvernos la vitalidad de la lectura como la forma suprema de placer.

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