viernes, 5 de febrero de 2010

Pequeño cotilleo vecinal


Ahora va y resulta que la vida que me había montado de mi vecino probablemente solo sea una pura novela. Apenas coincido con él un momento en el ascensor y no sé ni cómo se llama pero, como comentaba Santiago Roncagliolo en el ciclo Condición Literal de la Fundación Caja Castellón, ocurre que a partir de una mirada de reojo mientras esperamos que llegue el ascensor, a partir de las impresiones furtivas de ese momento de espera: por cómo va vestido, por los comentarios que hacemos, por las bolsas de la compra… es suficiente para que al llegar a casa unos y otros nos dediquemos a la labor del cotilleo y construyamos una vida entera tan solo porque ese día nuestro vecino al entrar en el portal acompañado de una desconocida y encontrarnos esperando al ascensor nos dio la impresión de que se ponía incómodo al vernos.

La historia que contaremos a nuestra pareja ya en casa, mientras ponemos las cosas de la compra en su sitio, con toda seguridad será falsa y se corresponderá en poco con la realidad; porque nuestros vecinos son gente como nosotros, con vidas como la nuestra, viven como nosotros y tienen problemas que al fin y al cabo son muy parecidos a los nuestros.

Comenta Roncagliolo que nuestras vidas, como ocurre en la literatura, unas veces son de terror, otras un drama, otras de suspense… y que como el pequeño cotilleo vecinal la literatura también está llena de falsedades. Pero del mismo modo que somos conscientes de que las historias de ficción son falsas también lo somos al afirmar que esas historias son mejores y más interesantes que las de nuestras vidas.

Porque nuestra vida, como muy bien afirma, está mal escrita, llena de momentos vacíos e innecesarios, de puntos de inflexión que en un libro o en una película nunca ocurrirían porque allí las historias llegan directamente al clímax, sin interrupciones. No solo nos parecen reales sino que además son una corrección concentrada de la vida. Por eso leemos. Leer significa olvidarte del mundo real para poder vivir otras vidas que no son tan aburridas como las nuestras.

La realidad es que nos encanta leer estas historias que llenamos con la imaginación de momentos que pertenecen o desearíamos que perteneciesen a nuestra vida, fantaseando sobre lo que no somos o tenemos. Y nos atraen porque lo que realmente nos gusta es que nuestra vida sea repetitiva y sin grandes sobresaltos. Éstos quedan para las vidas que fantaseamos en la literatura. Precisamente por eso en la literatura nos gustan los perdedores, porque alimentan a ese pequeño perdedor que no podemos sacar a pasear, que nadie quiere ver y que encuentra en algunas novelas un alma gemela.

Entonces, ¿qué nos seduce más: una novela llena de cosas reales o una historia real llena de cosas de mentira? Probablemente, en la realidad, las historias son tan buenas que la imaginación sólo consigue estropearlas.

Y si es así, entonces ¿realmente la chica con la que vino mi vecino será su nueva novia?.

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