domingo, 17 de enero de 2010

Los castrati y el Spotify

Ésta ha sido la semana de los descubrimientos en cascada. Cuando recién acababa de instalar Spotify en mi pc me llamó mi amiga Rosario para contarme que venía de comprar Sacrificium, el último cedé de Cecilia Bartoli. No había prestado mucha atención a su música, a pesar de que justo el viernes pasado me había llamado la atención en un cartel de promoción en la zona de música clásica de la Fnac. Cecilia Bartoli aparece fotografiada emulando una de las esculturas del tímpano del Partenón, pero fijándose con más detenimiento parece una de las figuras humanas que las cenizas moldearon en Pompeya y Herculano durante la erupción del Vesubio que van desintegrándose poco a poco como consecuencia del paso del tiempo. Como aquéllas, la fotografía de Bartoli tiene algo de inquietante.

Pero Spotify me ha permitido descubrir la prodigiosa voz de Bartoli. El paso para llegar a Philippe Jaroussky era ya inevitable. El virtuosismo de ambos difícilmente deja impasible a nadie, conjugan la belleza de su voz con calidad técnica de manera sorprendente. Su técnica les permite desarrollar un canto altamente virtuoso y capaz de los matices más refinados. Y, cómo no, el Spotify me propone un programa que no puede resultar más sugestivo: una inmersión en la legendaria época de los castrati con sus interpretaciones de gran dificultad técnica y elevadísimas exigencias que sólo están al alcance de los más grandes.

Aunque es indudable que herramientas como Spotify representan el final de las ventas, también es cierto que constituyen una realidad que no se puede parar. Los políticos, la industria artística y los creadores, en su afán de controlar nuestro acceso a Internet, deberán encontrar la forma de compaginar la creación y su lado mercantil con nuestro legítimo acceso a estas manifestaciones. En su esfuerzo numantino por poner vallas al prado no se dan cuenta de que antes de que levanten una nueva los usuarios no solo han logrado franquearla sino que ya están varios metros más allá de la cerca. Es por eso que cuando la comisaria europea de telecomunicaciones afirma que “la creciente piratería en Internet es un voto de censura a los existentes modelos de negocio” tiene parte de razón, pero se equivoca probablemente en su enfoque. Si es cierto que la piratería está creciendo debido a la tecnología también es cierto que la facturación por taquilla en España ha crecido un 7,9% en lo que va de año y la causa habrá que buscarla, probablemente, en el hecho de que la democratización del acceso a la creación nos convierte en aquello que ellos no creen ni aceptarán jamás a reconocer: consumidores.

Ha llevado tiempo, pero los modelos de negocio poco a poco están cambiando. En el caso de la música la piratería no sólo no aumenta sino que va camino de desaparecer. ¿Qué necesidad hay de piratear lo que es gratis? Desde hace unos meses existe un programa informático llamado Spotify que permite escuchar a través de Internet, al momento y sin descargas, la casi totalidad de los catálogos de las principales discográficas. Y Spotify no solamente es gratis, sino que además es legal.

El oyente puede elegir lo que escucha y paga como en la radio musical de toda la vida: con su atención. A cambio de oír algún anuncio de cuando en cuando, tiene a su alcance toda la música de la historia, toda la música que jamás tendrá tiempo de escuchar. Es un trato justo y les ha parecido bien incluso a las discográficas, que han firmado con Spotify acuerdos de explotación donde todos ganan, especialmente los internautas. Los políticos, los últimos en enterarse, aún siguen con la vieja canción pero la realidad de la Red ya es otra cosa. Al menos en el frente de la música, la guerra del P2P ha terminado. Ha ganado Internet.

Todo esto tiene que ver con el hecho de que el acceso a la cultura está más cerca que nunca. Es incompresible hoy en día que nadie se queje de la falta de información o posibilidades para enriquecer su espíritu. Desde hace una semana el mío está delirando con Bartoli y Jaroussky. ¿Cómo hubiese podido, no solamente escucharles, sino descubrirles con tanta facilidad si no hubiese sido de este modo?

La periferia gracias a Internet deja de serlo.

3 comentarios:

  1. gracias por la nota, estoy escuchandolo ahora en grooveshark que vieneaser lo mismo

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  2. hmmm fantastica musica...
    ...y gracias a internet la periferia dejarara de serlo incluso a nivel admiistrativo y politico. Grandes capitales? pa' que?

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  3. He disfrutado mucho leyendo/escuchando este artículo.
    Gracias por compartirlo.

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