jueves, 28 de enero de 2010

Cápsula del tiempo (de bronce)


Hace 150 años Ildefons Cerdà "ideó" una visión de la ciudad de Barcelona que ha trascendido a la Barcelona actual. De hecho, su capacidad de proyección lo llevó, por ejemplo, a imaginar cómo circularían los vehículos por la ciudad 50 años antes de que se diseñara el primer automóvil. Como parte de las acciones conmemorativas del Año Cerdà, el proyecto “Barcelona2159” nos invitaba a imaginar cómo será la Barcelona del futuro enviando un mensaje (texto, video o imagen) a la web barcelona2159.org para que queden almacenados con toda la información pertinente desde el año 1859 en una cápsula del tiempo destinada a las generaciones del próximo siglo.

Según la International Time Capsule Society hay más de 10.000 cápsulas del tiempo en el mundo. Algunas de las más conocidas han sido iniciativas realizadas durante exposiciones universales como la Japan World Exposition de 1970 y la Westinghouse Time Capsule de la Feria Mundial de Nueva York 1939. Ambas siguen cerradas esperando superar los 5.000 años para ser abiertas.

No me pregunto qué es lo que pensaría Cerdà si viese cómo ya instalados en el siglo XXI nuestras calles van viéndose ocupadas por unas pretendidas obras de arte costumbrista en forma de escultura de bronce, que las embellecen según unos, y las envilecen según otros, ya que un pionero como él, probablemente en 1859, las hubiese considerado ya desfasadas.

Tampoco hace falta estar dotado del don de la clarividencia; si hiciésemos el ejercicio de la cápsula del tiempo y metiésemos las fotos de estas esculturas descubriríamos, con toda seguridad, que no hace falta esperar 5.000 años para comprobar que habrán dejado de existir mucho antes. Es suficiente con esperar unas semanas, a veces incluso antes, tras haber sido inauguradas en plena fanfarria mediática para descubrir que su estado comienza a ser deplorable porque se han convertido en auténticas dianas que atraen los dardos del peor vandalismo urbano.

Lo curioso de toda esta historia es que el propio Consell Valencià de Cultura expresaba ya en su memoria del año 2007 la necesidad de retirar las esculturas de espacios públicos cuyo valor careciese de una "importancia estética significativa", insistiendo en algo que ya había abordado en varias ocasiones, la falta de criterios artísticos en la elección de estos elementos, al tiempo que remarcaba la responsabilidad que implica su selección, ya que terminan configurándose como parte del paisaje e influyen en la formación estética de los ciudadanos.

El debate, sin embargo es muy anterior. Ya a principios de los años ochenta la ciudadanía tuvo la posibilidad de posicionarse sobre el tipo de arte que quería en su ciudad. Una polémica que se abrió con el rechazo popular a la gran escultura Tilted Arc de Richard Serra, un muro de 3,5 metros de altura curvado suavemente instalado en la Federal Plaza de Nueva York. Hubo una gran controversia desde el primer día de su instalación, en gran parte debido a que los trabajadores de los edificios que rodeaban la plaza se quejaron porque la pared de acero obstruía el paso a través de la plaza. Una audiencia pública en 1985 votó a favor de que el trabajo fuera retirado, pero Serra alegó que la escultura estaba en su sitio específico y que no se podía colocar en cualquier otro lugar, y a pesar de publicar la famosa declaración donde dijo que “quitar el trabajo sería destruirlo”, finalmente, el 15 de marzo de 1989, la escultura fue desmontada por los trabajadores federales y desechada posteriormente.

José Albelda, doctor y profesor en Bellas Artes, considera que “un arte público que sepa dialogar con su entorno refuerza la identidad del lugar, articula los trazados urbanos y ofrece una mayor diversidad visual que permite completar o mejorar la tendencia pragmática del urbanismo de nuestra época”. Sin embargo también afirma que es “plenamente consciente de que al entrar en matices de calidad en arte contemporáneo pisamos terreno resbaladizo”. Sus declaraciones nos obligan a llegar a la conclusión de que el hecho de que haya debate es la única solución posible para elevar la calidad del arte público. Porque lo que es evidente es que disfrutar de la cultura y del arte, convertir nuestras ciudades en pretendidos museos al aire libre, constituye un debate que va mucho más allá de la experiencia estética diaria que significa ver la escultura de una señora pescadera con aires de marquesa. Un “pescado” muy difícil de digerir.

2 comentarios:

  1. No puedo estar más de acuerdo. Interesante blog. Te enlazo en el mío: http://anxova.blogspot.com

    Saludos

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  2. Mira esta propuesta urbana http://bit.ly/bvZOsl

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