martes, 15 de diciembre de 2009

Los (cobardes) matones de la clase


Gracias al apoyo de la Fundación Bancaja, la Diputación de Castellón y el Ayuntamiento de Onda decidimos construir una historia llamada “Ecuapop: los de aquí, los de allí”, un documental que muestra, desde el punto de vista de Cristian, un adolescente ecuatoriano, la realidad y la repercusión del fenómeno migratorio, como respuesta a las voces intolerantes y sin argumentos viables que acudían a nosotros cada vez con mayor insistencia.

Así, gracias a este proyecto, acudimos regularmente a todos los centros de bachillerato que nos han llamado para presentarlo y charlar con los estudiantes a lo largo de los últimos meses. La cuestión que más nos alarma es que uno de los denominadores comunes de estas charlas sea la percepción de haber construido una sociedad que saca lo peor de nosotros y ya no nos reconocemos. Cuando participamos en este tipo de encuentros con adolescentes nos disgusta observar cómo se despierta, en la oscuridad de la proyección, la voz intolerante, prepotente y atrevida, de quien se escuda en el anonimato del grupo y tenemos la sensación de que nadie hace nada por evitarlo. Se trata en todos los casos del discurso de una minoría escandalosa, construido desde una retórica por todos conocida, de argumentos repetidos, tomados de aquí y de allá, sin comprobación, análisis, ni reflexión alguna.

Los aplausos de estos jóvenes a lo largo de la proyección, cuando se oyen en el documental las opiniones de los más intolerantes, nos hacen verlos como auténticos sheriffs de tercera, matones al amparo de la oscuridad de la sala, pero insultantemente cobardes cuando, a la hora del debate, con las luces encendidas, se les pone delante un micrófono para que justifiquen en voz alta sus argumentos. Entonces se quedan callados, porque probablemente son incapaces de argumentar nada.

Estas muestras de violencia sonora tan gratuitas contra los que simplemente consideramos diferentes, contra el que no se viste como nosotros, no come lo mismo, no habla con nuestro acento, tiene distinto color de piel o credo religioso, no representa a personas con valores culturales, representa el inicio de una actitud discriminatoria, xenófoba y racista azuzada por la ignorancia. Y este es un fenómeno que nos preocupa cada vez más.

Miguel Ángel Aguilar, que es fiscal desde hace 17 años, el único que hay en España especializado en perseguir los delitos que tienen su origen en el odio y la discriminación en cualquiera de sus formas, está convencido de la importancia de combatir la discriminación, sea por orientación sexual, género, discapacidad o edad, entre otros motivos. Aguilar, que explica que "hay que tener una sensibilidad especial con el que es diferente por el hecho de serlo", logró hace unos meses que se condenase a un local de Barcelona por vetar la entrada a dos cubanas por el color de su piel. Afirma que "no somos una sociedad racista, pero sí tenemos células racistas. Lo que hay que evitar es que hagan metástasis" Y en el combate contra ese cáncer social es fundamental, dice, la formación de jueces, fiscales y policías. "A las víctimas de delitos por discriminación hay que darles un trato especial, no privilegiado. Hay que investigar el móvil de la acción, porque muchas veces no es otro que el hecho diferencial de la víctima."

"No podemos permitir los brotes de intolerancia, pero mucho menos en épocas de crisis, tan propicias para expandir la doctrina del odio", porque "la igualdad legal existe, pero la material está por conseguir, aunque vamos por buen camino".

De todos modos, entre toda esa oscuridad de las salas donde presentamos Ecuapop estamos absolutamente convencidos que hay personas que no comparten estos puntos de vista, ni necesitan ser pequeños matones. Desafortunadamente, sus voces, por precaución, por prudencia, o por temor, quedan silenciadas por el estruendo de los primeros.


1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho, la parte de los inmigrantes es una realidad que ignoramos a menudo. "Deconstruirnos" tipo Adría

    ResponderEliminar