domingo, 22 de noviembre de 2009

Dime cómo eres y te devolveré tu imagen


Estando en Castellón, me anima a comenzar este blog el interesante artículo que M.A. Sánchez Vallejo publica en la sección “Vida & Artes” de la edición digital del periódico "El País" del día 22 de noviembre, en el que afirma que si la reputación es la opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo, tener una -a ser posible positiva- en un mundo expuesto a la visibilidad social gracias a las nuevas tecnologías, resulta una tarea más ardua que nunca. La reputación es, hoy, una unidad de medida del crédito, la confianza o el respeto que despertamos en terceros; un criterio valorativo que, lejos de la añeja categoría moral que en su día fue, los demás enarbolan al referirse a nosotros. Y ya no es la heredera directa de la honra clásica, ni suele acompañarse, como hace pocos años, de calificativos como "dudosa" o "equívoca", que sentenciaban moralmente. Es decir, ya tiene poco que ver con un juicio de cintura para abajo, porque es un instrumento que formula nuestro prestigio en términos pretendidamente objetivos.

La raíz de todas las reputaciones que en el mundo son radica en la valoración exterior que se hace sobre un individuo. “La reputación nos la dan los demás, y está muy relacionada con la imagen que uno quiere dar”, señala la psicóloga Laura Rojas-Marcos, para quien "la reputación tiene mucho que ver con cómo nos percibimos a nosotros mismos y por tanto con nuestra autoestima, pero también con la imagen que los demás tienen de nosotros. Hay un efecto espejo: damos una imagen que vuelve a nosotros modificada o transformada por la opinión de aquellos con los que nos relacionamos", afirma.

Pero incluso la reputación como arma de doble filo es una realidad insoslayable, puesto que a través de las nuevas tecnologías se puede destruir la reputación de una persona por completo desde un comentario colgado en una red social a una imagen enviada por móvil, porque el efecto de las nuevas tecnologías trasciende tu círculo y tiene consecuencias globales.

En el ámbito individual, el boca a boca de antaño, por el que la comunidad se transmitía información sobre algo o alguien, está siendo sustituido por consultas en buscadores de Internet y, cada vez más, por el ingente tráfico de información que mueven las redes sociales.

Es por eso por lo que el profesor Enrique Dans afirma que "pretender controlar lo que dicen de nosotros es un error; es imposible encontrar a alguien con una cierta visibilidad que no tenga detractores. Uno no puede aspirar a gustar a todo el mundo”. La crítica, en un mundo tan libre como Internet -"y que nos desinhibe tanto" -, no escasea, así que las sorpresas pueden ser frecuentes. Así pues, añade, "ante una crítica negativa sobre nuestra persona, hay que tener la habilidad política suficiente para no contestar”.

Corporativa o individual, expuesta o no al escrutinio público -aunque, por definición, la reputación siempre es social-, esa fama que nos precede y que proyectamos como una sombra nos acompaña siempre. En mayor o menor medida, eso sí. Ya lo dijo Rousseau: "La reputación de un hombre es como su sombra, unas veces parece más larga que él y otras más corta".


2 comentarios:

  1. Maria Arnanz Serrano22 de enero de 2011, 10:54

    Y, si te mando una foto ?........me diras como soy.????????

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  2. Muy interesante post. Hoy más que reputación hablaríamos de información, más objetivo. Los valores son menos determinantes.

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